El tema de la amistad como camino de encuentro conmigo y con Dios no es una simple idea romántica o un concepto dentro de la espiritualidad teresiana; es, de hecho, el eje definitorio de la vida interior y apostólica. Santa Teresa de Jesús y San Enrique de Ossó nos enseñan que el encuentro transformador con Dios pasa inevitablemente por la inmersión en el propio ser.
- La Amistad como Camino de Encuentro Conmigo: El Conocimiento Propio
Paradójicamente, la amistad con Dios te obliga a mirarte a ti mismo con más honestidad que nunca. Teresa enseña que la puerta para entrar en el «Castillo Interior» (el alma) es el Conocimiento Propio.
El Amigo, espejo de tu verdad:
- Cuando te pones «a solas» con Dios, no puedes engañarle, y por lo tanto, tampoco puedes engañarte a ti mismo.
- La oración revela tanto nuestras miserias (nuestros defectos, vicios, faltas). Jesús el amigo nos da la valentía de reconocer nuestras debilidades porque sabemos que Su amor es más grande que cualquier error.
- Para Teresa, la humildad no es autodesprecio, sino la «andar en verdad». Es decir: reconocer lo que somos realmente. La amistad con Dios es el único camino seguro hacia la humildad, pues te hace consciente de tu fragilidad y de tu riqueza.
- El fruto de este encuentro (amistad-oracón) es la paz. Saber que mis defectos están ahí, pero no me definen, porque soy definida/o por quien me ama.
- La amistad con Dios es la que te permite aceptar tu propia historia y tu ser para poder ser transformado.
- La Amistad como Camino de Encuentro con Dios: La Humanidad de Cristo
- Para Santa Teresa, el trato de amistad tiene un punto focal muy concreto: la humanidad de Cristo. Ella insiste en que no debemos quedarnos en un Dios abstracto o lejano, sino fijar los ojos en Jesús, el Dios-hecho Hombre.
- El puente necesario: Jesús es nuestro maestro y mediador. Él es el único que, siendo completamente Dios y completamente Hombre, nos entiende en nuestras luchas y nos muestra cómo vivir. Teresa aconsejaba con firmeza: «No os apartéis del todo de la Humanidad de Cristo».
- El contenido de la Amistad: ¿De qué hablamos con el Amigo? De su vida, de sus enseñanzas, de su pasión. La amistad con Jesús nos lleva a «pensar, sentir y amar como Él»; que era el gran ideal de San Enrique de Ossó .
Aquí es donde la mística se vuelve misión. Para la espiritualidad teresiana, una amistad con Dios que no transforma la realidad es una amistad incompleta o falsa.
- Obras Son Amores
La amistad con Jesús debe desbordarse hacia la comunidad y el mundo, al estilo del carisma de San Enrique de Ossó:
- Oración fiel y práctica: Un tiempo fiel de encuentro que alimenta el alma y la prepara para la misión diaria.
- Celo por los intereses de Jesús: Esta amistad genera un celo ardiente (el fuego que Jesús vino a traer a la tierra). El amigo, sabiéndose amado, solo puede querer que todos conozcan y amen al Amigo. El objetivo es «Formar a Cristo» en los corazones de los demás.
- Vida comunitaria: La amistad con Jesús se prueba en el trato con los demás. En tu trabajo, tu comunidad, tu familia, tus amigos deben ser un reflejo de esa amistad.
- La Amistad es la Misión: El camino teresiano nos dice: Primero, sé amigo. Luego, sal a hacer amigos para el Amigo.
El desafío final: La Amistad Teresiana nos llama a ser coherentes; a ser hombres y mujeres de profunda oración y de intensa acción. Que nuestra amistad con el Maestro se traduzca en conocimiento propio y en celo apostólico. El mundo necesita ver que la vida con Dios es, ante todo, una amistad apasionante.

