A Teresa de Jesús no la solemos presentar como una persona “agradecida”; siempre admiramos más su sabiduría, su grandeza de alma, su fortaleza, su magnanimidad, su alegría, sin embargo, su vida tiene mucho qué decirnos del valor de la gratitud.
La gratitud es uno de los rasgos característicos del humanismo teresiano. Ella, tan reacia en atribuirse a sí misma virtudes y valores no tiene reparo en reconocerse poseedora de esta cualidad. Sus cartas son un auténtico manual de gratitud para todos los que, de algún modo, le hacían algún bien. Decía de sí misma: “Soy de natural agradecida…, Soy de condición agradecida.”
En una carta dirigida a la Hna. María de San José, le dice: «Bien veo que no es perfección en mí esto que tengo de ser agradecida, debe ser natural, que con una sardina que me den me sobornarán».
Su agradecimiento llegaba a todos. Otra Carmelita, Inés de Jesús, guardó también una confesión de la santa:
«Iban de camino, llevaban ya muchas horas y sentían que el sol atravesaba el toldo de la carreta en que viajaban. Al fin llegaron a un pueblito. Venían con mucha sed. Un buen hombre de campo, al verlas, les ofreció un jarro de agua fresca. Tiempo después, Teresa le dijo a Inés recordando aquel episodio: «Desde aquel día, hasta el presente que se lo cuento ningún día he dejado de hacer oración suplicando a Dios le pague al buen labrador aquel beneficio.»»
También recomienda insistentemente a sus hijas que sean agradecidas incluso con las personas que les hubieren hecho algún mal, para mejor imitar a Jesús.
Teresa conjugo bien el verbo agradecer, primero con Dios. Se sintió muy regalada por Él, a sus regalos les llama “mercedes”, y esta es una de las palabras que más veces escribió. Y descubrió, y esto es muy importante, descubrió la relación que existe entre la gratitud y el crecimiento en el amor a Dios y a los demás. Se dio cuenta de que Dios respondía a su gratitud, enviándole dardos cargados de mayores beneficios que producían en ella un mayor crecimiento en el amor hacia Él y a los demás. Fruto de esta experiencia es esa frase que seguramente recordamos: “Si no sabemos que recibimos no nos despertaremos a amar”.
¿Qué es la gratitud en lenguaje teresiano?
• Es la actitud que recompensa con el deseo y con las obras el beneficio recibido.
• Es la respuesta de quien siente y reconoce la gratuidad de los dones de Dios y de los demás.
Si no tenemos esa “condición agradecida”, como algo natural, ¿qué podemos hacer para adquirirla? Es necesario que desarrollemos en nosotros:
• la capacidad de asombro (si nada nos llama la atención, todo lo veremos demasiado lógico y normal);
• la capacidad de recibir (si todo creemos que nos lo hemos ganado a pulso, por nada nos veremos impelidos a dar gracias); Teresa dice: “si no sabemos que recibimos no nos despertaremos a amar”.
• y capacidad de contemplación (si no ahondamos en el sentido de gratuidad, siempre tendremos “demasiadas razones para achacarlo todo a todo, menos a ver en los beneficios recibidos el que son dones gratuitos de Dios).
Hoy te invito a orar, que no es otra cosa que conversar con el Amigo, y a hacerte estas preguntas: ¿Soy de condición agradecida? ¿Qué quiero agradecer hoy?
Y, hagamos un Compromiso: Al final de cada día, dedicar unos minutos para reconocer y agradecer los dones que Dios y los demás me han regalado. No busquemos cosas grandes, busquemos en la vida cotidiana los detalles del amor que Dios y los demás nos dan tan gratuitamente.
Todo por Jesús
Silvia Casado stj

