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En este tiempo de pandemia, es un bálsamo al mismo tiempo que un desafío, releer la afirmación: El Espíritu nos impulsa a ampliar nuestros horizontes y nos urge a un proceso de cambio de mente y de corazón. (Const. Art. 59)

 ¡Que bien, saber qué no es la inercia lo que nos empuja hacia un nuevo escenario, sino que es Él quien nos mueve y coloca en un espacio que va más allá de lo presencial! Estamos ahora también en un mundo virtual, casi diría en otra dimensión que nos abre, levanta las fronteras de lo conocido: comunidad, compañía, obras propias, vida religiosa, Iglesia…  para intensificar la interacción con quienes hasta hace poco nos parecían lejanos/as, inalcanzables, por la distancia geográfica, pero también por sus credos, culturas, búsquedas, intereses. Hoy es claro que en el fondo todos/as estamos conectados/as. Me resuena aquella frase: Nada de lo humano me es ajeno… 

Sí, estamos aquí, porque el Espíritu nos ha traído y esta certeza nos puede abrir para dialogar, confiando en que el proyecto de Dios sigue siendo el mismo: hacernos sentar, en la misma mesa compartida del Reino como hijos/as y hermanos/as, a toda la humanidad.  Diálogo que como lo planteaba Platón, es la conversación entre dos o más personas, que buscan intercambiar información para llegar a la verdad. Un bálsamo: saber que la historia, nuestra historia tiene rumbo y desafío: ser capaces de buscar juntos/as para construir una humanidad nueva.

Rosana Guizar Suárez stj (Coordinadora provincial, Provincia Padre Enrique de Ossó)