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Cuando nos referimos al término de vocación no solo es conocer aquello que te hace sentir bien o en donde puedes desenvolver tus talentos y habilidades, sino implica un proceso más profundo.

Muchas veces hemos escuchado que la vocación se refiere a un llamado o por la admiración a una persona en base a su personalidad, trabajo, acciones o habilidades, de igual manera la vocación puede surgir desde el autoconocimiento permitiéndonos conocer nuestras potencialidades, virtudes y ayudarnos a encontrarnos a nosotros mismos para caminar hacia una dirección.

Si tomamos en consideración las palabras del Papa Francisco, “La vocación es el entramado entre elección divina y libertad humana». Una llamada que nos abre a Dios y a los demás: «Dios llama amando y nosotros, agradecidos, respondemos amando». Es considerable conocer que desde la Iglesia se han fomentado tres opciones vocacionales conocidas como: los ministros ordenados (obispos, sacerdotes y diáconos), los religiosos/as y laicos/as. 

Para conocer quiénes son los ministros ordenados nos podemos concentrar desde aquellas personas que viven por edificar a la Iglesia y mantener su unidad siendo personas dispuestas para la escucha y el consuelo hacia los demás, son personas llenas de misericordia que se entregan totalmente a la Iglesia para organizarla desde la humildad y el servicio con una totalidad disposición con generosidad y alegría como lo fue San Enrique de Ossó.

Los y las religiosas que viven esta vocación siguen el encuentro de Dios desde una armonía muy dispuesta para el servicio de los demás, son un signo viviente de Jesús por su consagración, así como santa teresa de Jesús la vivió con Dios.

Las personas laicas están comprometidas al camino y esperanza de Dios desde sus ocupaciones, su trabajo, oficio o profesión. Siguen esta vocación siendo personas libres y auténticas con un sentido de ayudar a los demás con valores sumamente amables y honestos, los laicos, aunque se muevan en ambientes difíciles, permanecen allí al pie para estar con Dios tomando la intención de transformar las estructuras injustas y hacer de ellas un mundo mejor.

Las tres vocaciones son indispensables, la intención de cada una es nutrir y hacer participar sus funciones y habilidades por los demás. Por eso es importante que entre ellos haya mucha comprensión y un verdadero afecto, tratando de formar una familia con un signo de esperanza para el mundo.  

Considera que es relevante interiorizar en cada uno de nuestros corazones cuál es el sentido que nos hace reconocer para servir a los demás para ello te dejamos los siguientes tips que te ayudarán a fomentar un crecimiento para tu propia vocación: 

  • Confía en el proceso: Confía en que existe un Dios que nos ama y que su amor es infinito y omnipotente, puede que en momentos sientas que eres muy poco querido por Él, respira y date un espacio para dejarte atraer por su fuerza de amar. 
  • Vive firmemente: Valora cada momento de tu vida, recuerda que estamos llamados para vivir de una forma sana y productiva, aprópiate de tu realidad y vívela con mucha ternura. 
  • Sé tú mismo: Reconoce tus cualidades, presta atención a todo lo que te gusta hacer. Puedes pensar en todo aquello que haces muy bien, disfrutas y te conmueve. Detecta los intereses de tu corazón.
  • Comparte tus dones: Una vez que hayas descubierto tus talentos, examina qué tan dispuesto estás para querer compartirlos con los demás, Jesús nunca llama para servirnos a nosotros mismos o nunca nos da algo para que lo guardemos en un baúl, sino para hacerlos rendir una, cinco o cien veces más. 
  • Disponte en amistad: Jesús llama a compartir nuestros dones en forma de amistad con los demás.
  • Acepta tus límites: Tú puedes ser mejor de lo que ya eres o hacer más de lo que estás haciendo. Podemos reconocer cuando hay cosas que no puedes o no sabes cómo hacerlas bien, al menos por ahora, busca y acepta la ayuda de los demás. 
  • Acompañamiento: Es importante que compartes con alguien más, de preferencia con cierta experiencia y disposición de escucharte las búsquedas de tu camino, que posibilite el conocimiento de tu ser y te ayude a hacer verdad tu camino. 

Siguiendo estos pasos de manera menos apresurada te ayudarán a descubrir el tesoro más lindo que llevas dentro y recuerda siempre que todo lo que hagas sea por Jesús. Él te lleva al descubrimiento de tu sentido y vocación de vida. 

Diana Laura Sedas Martínez CUVAQH

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