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HAY MÁS CAMINOS

En momentos dudo de lo que hago, en otros, no sé cómo hacerle frente a la incertidumbre, a veces no tengo ni la menor idea de cómo escuchar mi corazón, no sé si voy caminando por el sendero correcto. 

¿Te ha pasado esto?…

En definitiva, yo si lo he experimentado. 

Antes de continuar y no por parecer un experto en semántica, sino para dar referencia a la aventura que leerás después, me gustaría poner sobre la mesa el origen y significado de la palabra “eureka”. Esta es una expresión griega atribuida al matemático Arquímedes, y quiere decir: ¡lo he descubierto! 

Durante mi proceso de vida, he tenido la fortuna de vivir experiencias en las que he podido conectar con la realidad vulnerable de mi mundo, de mi país y de mi ciudad. En esos momentos he experimentado mucha impotencia al saber que no puedo cambiar todas las dimensiones de esa realidad. Mucha gente me ha dicho, tu apuesta a transformar la realidad social es un granito de arena, pero siempre pienso: “Estoy harto de los granitos de arena”; con este pensamiento no quiero posicionarme desde mi ego haciendo referencia a las siguientes ideas o expresiones -yo puedo con todo, tengo que hacer mucho, lo que hago no tiene impacto, entre otras-. Más bien quiero enmarcar que es un sentimiento que surge de compartir y palpar una realidad en la que la Tierra grita, en la que mis hermanos y hermanas de esta Casa Común lloran, no comen, sufren. Si un integrante de tu familia está sufriendo mucho ¿no querrías que tu manera de ayudar fuera no solamente un granito, sino una tonelada?…   

Y justo aquí, en estos cuestionamientos he dudado de lo que hago desde y con mi día a día, he dudado del impacto que tiene mi trabajo, de mi opción por la educación y lo social. He dudado porque la humanidad me gana. ¿A qué me refiero?… me refiero a que, a través del tiempo, de la oración, de personas que me han acompañado, he ido descubriendo que Dios actúa en todos lados y que se hace vida en el sistema total, pero tuve que aventurarme a un viaje por mi interior y a afinar mis sentidos (como el músico que afina las cuerdas de su guitarra), para verle y saborearle en toda y cada una de las realidades del mundo. Me fui dando cuenta que Dios se hacía presente en todos los rincones y que, yo quería que interviniera con un “torton” de arena, pero aprendí que su sutil presencia era a través de un poco de arena, de piedras, de agua en otros momentos, etc. Para saborearlo es indispensable hacer pausa, ir un poco más lento, no correr. Créanme, esto requiere una gran disciplina y paciencia, sobre todo ante un contexto en el que parece que entre más ágiles seamos para correr en la vida, todo será mejor y, no es así necesariamente. Este fue uno de los primeros descubrimientos que hice y aquí dije: ¡eureka!

A través de este proceso, he podido tener relaciones, amistades y trabajos que me han permitido seguir experimento a Dios de esta manera tan humana, a desaprender que Dios es todopoderoso y que más bien es todohumano. 

Y aunque pareciera que soy un activista empedernido, en realidad creo soy una persona que simplemente ha optado por hacer cosas diferentes que respondan a la realidad, pero también a mi proceso personal. Y aquí es donde otra cosa se complica, porque en mi proceso personal he tenido grandes búsquedas y cuestionamientos. 

He tomado decisiones muy importantes en diferentes momentos de la vida y me he enfrentado a disyuntiva fuertes, una de ellas ha sido dedicarme a la educación y lo social, aunque estudié ingeniería. Actualmente he decidido moverme de trabajo, porque, aunque era un trabajo que me acercaba a esta transformación de la realidad, a afinar mis sentidos y a trabajar mi interior, era necesario, no olvidar que, si Dios es hace humano, yo también lo hago y además lo soy, y por tal motivo, necesito moverme de sitio y explorar otras dimensiones de mi vida. 

A través de estas decisiones he tenido dudas, y en algunos momentos, todos los días me pregunto: ¿Qué sigue?, ¿ahora por dónde camino? ¿Qué pasa si…? ¿Vale la pena? ¿me equivoqué? Y la incertidumbre se vuelve una sombra que me acompaña. Esto se traduce en ansiedad, estrés, miedo y en ocasiones, soledad. 

Pero he tenido un gran aliado que me ha permitido que esa incertidumbre se transforme en una compañera que me motiva a vivir el presente, a “quietar a la loca de la casa” (como dice Santa Teresa), a buscar nuevas soluciones y a no estorbarle a Dios en lo que quiere para mí. Este aliado ha sido el “discernimiento”, el cual me ha permitido desmenuzar lo que voy viviendo, sintiendo, pensando y experimentando en el corazón. De esta manera, voy aprendiendo que toda esa incertidumbre y ese banco de dudas, se vuelven materiales para elaborar el “calzado” que requiero para caminar de acuerdo a lo que la propia realidad me pida. Este fue otro descubrimiento, ¡eureka!

Y así, he ido descubriendo distintas cosas, ahora me siento como un explorador que, para hacer un buen trabajo, para caminar, para ser más pleno, es necesario: orar, discernir, dejarme acompañar, hacer pausas y también celebrar. 

Y con esto termino, este es mi último descubrimiento que quisiera compartir. Es necesario celebrar y no siempre se celebra con tambores y matracas, se puede celebrar en silencio, sintiendo paz, escuchando a los demás, compartiendo tus procesos personales. Se tienen que celebrar hasta los intentos, porque en cada intento se gana algo… en cada intento se fortalece el corazón… en cada intento Dios se presenta de manera finita y esto me humaniza con el mundo. 

Así, me he dado cuenta que quizá, algunos caminos de mi vida se pueden terminar, pero la buena nueva es que existen muchos otros caminos para encontrarme, para mejorar, para transformar la realidad, para crecer, para soñar, para crear. Solo te tienes que animar a explorar y a gritar desde el corazón: ¡eureka!

Por: Raúl Baena García