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La vida concentra un sinnúmero de desafíos que cada día ponen a prueba las capacidades del ser humano, algunos de estos retos implican una carga emocional que impulsa o reduce el ánimo y el deseo por la superación personal, sin embargo; ¿qué sería de nuestra vida sin la presencia de problemas? La respuesta es muy sencilla, tendríamos una vida plana, sin chiste, en el que cada mañana sería tan monótona como el atardecer, y en dónde lo único que nos animaría, en todo caso, sería la hora para comer y el momento preciso para dormir. Entonces ¿cuáles son los beneficios de los problemas, las situaciones o los retos?

Si bien la juventud experimenta una serie consecutiva de cambios incluyendo nuevas responsabilidades, toma de decisiones y desviaciones al proyecto de vida, las circunstancias de nuestro quehacer son infinitas, por lo tanto, no podemos evitar los retos o las complejidades. Un joven es consciente que su vida va en ascenso y que ese camino, como cualquier otro, implica una serie de adversidades a veces económicas, en ocasiones familiares sin olvidar las confusiones internas que merman la autoestima y la seguridad en sí mismo. Es por ello que fortalecer a los jóvenes de cualidades que les permitan hacer frente a los retos de la vida debería ser una obligación no sólo de las familias sino de las instituciones y organizaciones de la sociedad, una de estas fortalezas, se conoce como la Resiliencia, que podemos entenderla como el conjunto de capacidades que le permiten a una persona resurgir de las adversidades.

Hoy más que nunca, en un mundo tan globalizado el ser humano requiere encontrar en los momentos difíciles las claves para abrirse nuevos caminos y levantarse de la derrota para volver a competir, para ello es necesario desarrollar las siguientes estrategias:

  1. Visualizar a los problemas como áreas de oportunidad. Lejos de creer que los problemas conllevan efectos negativos, es entender, que detrás de cada problema hay soluciones que nos harán más fuertes y más inteligentes, capaces de afrontar nuevos retos.
  2. Equilibrar el peso de las dificultades. Aplica el dicho “no hay mal que por bien no venga”, es importante que cada dificultad sea vista en su justa dimensión sin creer que un reto es el final de la vida, muchas veces la adversidad nos trae grandes beneficios como el aprendizaje.
  3. Establecer un pensamiento positivo de sí mismo. En el mundo hay personas que han podido salir adelante, ¿por qué uno mismo no podría hacerlo?, esto nos lleva a pensar en cómo sí lograr las cosas y dejar de enfocarnos en sus complejidades.
  4. Establecer relaciones sociales sanas. Siempre es gratificante estar cerca de gente capaz que tienen mucho que aportarnos y de los cueles podemos aprender, así como alejarnos de gente tóxica que sólo nos hacen dudar de nuestra capacidad.
  5. Asumir una postura de negociación. Desarrollar la visión “ganar-ganar” nos permitirá que ante los problemas busquemos que las alternativas de solución nos permitan salir con cuentas claras y beneficiosas tanto para uno mismo como para quienes estén involucrados.
  6. Aceptar que el cambio es constante e inevitable. Cuando el ser humano se acepta como parte de un proceso constante de cambios entiende que nada es para siempre y que por lo tanto lo que se vive se disfruta ya que es temporal.
  7. Actuar con la misión de ser feliz. Cada acción que se emprenda debe darle sentido y felicidad a uno mismo, sino para que llevarla a cabo.

Mtro. Rodolfo Cisneros Terán