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Que fuerte y con cuanta resonancia escuche esta frase aquel agosto del 2017, ¡TODO POR JESÚS! La escuche fuerte y claro, a una sola voz, con determinación, seguridad, valentía, con mucha garra y pasión. Debo confesar que me cimbro y me puso la piel chinita de la emoción. Fue la voz de adolescentes, niños, niñas y adultos que, sin duda, sin titubeos y con carácter han decidido hacer todo por Jesús. Junto con la afirmación los puños elevados al cielo, con tenacidad, la mejor forma significar la frase. 

¡Que experiencia! Literalmente quede asombrado, yo quería también gritar con esa pasión ¡Todo por Jesús!

Desde pequeño me ha llamado y gustado la figura de Jesús, conforme fui creciendo, lo fui conociendo más. Ha llegado a ser mi amigo, maestro y modelo. Cómo no amarlo, cómo no seguirlo. En este caminar he conocido distintas formas y carismas desde donde se da respuesta a este amor y convicción por el reino del Dios de ese Jesús que interpela, que reta y transforma. De todas estas formas y carismas he aprendido mucho, las he abrazado y es lo que me ha ido formando. Sin embargo, la experiencia Teresiana, dentro de este caminar, la comparo como llegar a un castillo. Para explicar mejor parafraseo una parte del libro Si entras al castillo de Adriana Arrieta que me leían de pequeño: 

Quién sabe cuál sea tu destino si por la vereda del monte vas. Tal vez tengas la suerte de llegar a la puerta apolillada de un castillo.

Quién sabe qué será de ti si entras y recorres su camino. Tal vez algo asombroso pueda ocurrir si te animas a entrar en el castillo… 

Me fascina esta metáfora, pues creo que dibuja muy bien esta experiencia y es que creo que he llegado a la puerta del castillo. El Castillo Teresiano donde también esta Jesús, poco a poco he entrado y me ha maravillado, han sido cuatro años llenos de experiencias, retos y confrontación. Cuatro años de explorar este gran castillo donde el Rey es Jesús. Pero no cualquier Jesús, un Jesús que se encarna, un Jesús que transforma que libera, apasionado por la humanidad y presente en lo cotidiano y en todas las cosas. El Jesús de Teresa y de Enrique que en su legado me invitan a pensar, sentir y amar cono Él. 

Cuanto sentido tiene en mi ya este ¡Todo por Jesús! Que me acompaña todos los días al comenzar la mañana y al terminar la jornada, con cuanto orgullo lo llevo y lo presumo.  

Hay mucho mas por aprender, mucho mas por explorar en este castillo. Espero Dios me de vida y camino por este lugar que tanto me ha dejado y donde tanto he aprendido. 

¡TODO POR JESÚS!