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 «Hallé mi vocación… Seré siempre de Jesús, su ministro, su apóstol, su misionero de paz y de amor».

“Y resolví marcharme… Escribí cartas de despido y de consejos a mi padre y tíos, y el día que murió un hijo pequeñito de la casa, de mañanita abrí la puerta, y me marché. Mis primeros pasos, se dirigieron a visitar a la Virgen de la Misericordia en su capilla. Oré allí, le pedí su bendición y me fui lejos, cargado de unos pequeños libros, sin dinero, a pie; quería ser ermitaño, retirándome a la soledad, y dirigí mis pasos a Montserrat a pie; subí la cuesta de Collbató… qué sed tan grande tenía. Tenté a Dios.” ,  Enrique de Ossó 1872,  Apuntes de las misericordias del Señor.

Desde niña me ha impresionado este relato de Enrique de Ossó, con un corazón decepcionado e insatisfecho, toma una decisión fuerte y radical, con poca conciencia de lo que hacía, pero con una certeza en el corazón de emprender una búsqueda. La búsqueda más importante de su vida, no sabe qué va a encontrar ni cómo lo va a resolver, pero se determinó a iniciar este camino sin retorno.

Dejar atrás la vida que otros han soñado para Él, para seguir lo que su corazón le pide a gritos… Y se encontró con María, nuestra madre, compañera y cómplice de las búsquedas más profundas de nuestro corazón. En el silencio y la soledad de su adolescencia, comienza a experimentar una paz anhelada que le fue mostrando algunas intuiciones, quizá respuestas, pero sobre todo un propósito de vida.

Algunas veces pienso, que esperamos acontecimientos límites o espectaculares en nuestra vida que nos digan qué hacer, yo misma en muchos momentos me descubro pidiendo señales facilonas o hasta un poco dramáticas para poder dar algún paso, pero voy entendiendo que las opciones de vida se fraguan con el tiempo en lo más profundo del corazón.

Aquí es donde me identifico con la experiencia de Enrique de Ossó, yo no me escapé, pero si tomé distancia de una opción de vida que me condicionaba para escuchar con más claridad. Mi “Montserrat” fue en otro país, en una experiencia de voluntariado que me confrontó con una realidad muy distinta a la mía, me descaró frente a mi soledad y el rumbo que estaba tomando y me hizo preguntarme ¿Cuál es mi propósito de vida? ¿Qué quiero hacer con la vida que tengo en mis manos? Y en el silencio de la montaña, en la cercanía con Jesús hallé mi vocación y me determiné a dar voz a ese deseo que le habitaba y me impulsaba a dar un paso más en mi seguimiento a Jesús.

Recuerdo que años antes una teresiana me regaló un cassette que tenía una canción que se llama Madre de Misericordia, yo escuchaba una y otra vez esa canción, había palabras que resonaban en mi interior de una manera profunda, pero no alcanzaba a comprender por qué esa canción me inquietaba tanto por dentro. Años más tarde cuando leí a Enrique, se fueron conectando las palabras, (No os conocía, pero oía hablar de voz, cansado del mundo y con tantas heridas, solo y por caminos difíciles, hallé la paz para mi alma… desperté como de un sueño profundo). Años más tarde tuve la oportunidad de estar frente a la Virgen de Montserrat, no pude más que decirle a sus pies “Hallé mi vocación” con un corazón profundamente agradecido sentir su abrazo y bendición.

Hoy en el día de la Virgen de Montserrat te invito a que dediques un momento para detenerte y hacer un momento de oración con ella, comparte lo que hay en tu corazón, y te preguntes ¿Cuál es tu propósito de vida? ¿Cuáles son esos anhelos profundos que hay en tu interior para desplegar tus alas y optar por lo que te da más vida?

Pídele lo que más necesitas para ser fiel a tu vocación y con gran confianza continúa fortaleciendo tu relación con ella que es compañera de camino y buena consejera para llegar a Jesús.

Gracias por leerme

Michelle Pavón stj

Te comparto el link donde puedes acceder a la canción

https://drive.google.com/file/d/1FzpUNK66DtK8-7vCCHqHSd_JYMkFLpcu/view?usp=sharing

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