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De los mayores regalos que he recibido en la vida es mi proceso educativo, siento una profunda gratitud por el esfuerzo de mi mamá para que yo pudiera estudiar en el Instituto Jassá. La dimensión que tiene el colegio, ha trascendido más a allá de mis estudios de preescolar a preparatoria; porque hoy, esta formación es parte de mi sentido de vida.

Agradezco profundamente el sueño de San Enrique de Ossó que ha trascendido y sigue con vida. Mi cariño y reconocimiento; hoy, en especial, a la Compañía de Santa Teresa de Jesús que dinamiza y se compromete fielmente a cada misión que nace de la espiritualidad teresiana, desde cada uno de los colegios, los amigos de Jesús, el MTA y obras sociales hasta la dimensión de fortalecer los lazos como Familia Teresiana.

En mi corazón tengo nombres de hermanas en las que siento una enorme gratitud, porque me he sentido acompañada, amada y caminando muy segura por toda la confianza que han depositado en mí en el transcurso de mi vida; en algunos momentos que me ha costado creer en mí, más de una hermana ha apostado por mí y eso me ha marcado para toda mi vida. Me anima a vivir lo mismo al momento de acompañar los procesos de otras personas, desde mis hijos hasta mis estudiantes.

Pienso ¡cuánto bien ha hecho la Compañía de Santa Teresa de Jesús en el mundo! Admiro la propuesta educativa teresiana, tan vigente y con una proyección que sigue, con el Evangelio vivo, en el proceder cotidiano. La observo como directriz que nos puede dar horizonte para seguir poniendo al centro a la persona, como una hermosa creatura.

¡GRACIAS! Gracias hermanas por toda su pasión a la Misión, por ser amigas, compañeras, guías y acompañantes de camino, por contagiar el amor a Jesús y por hacer vida lo que San Enrique de Ossó soñó. Gracias por dejarme el deseo más grande de seguir conociendo y amando a Jesús para hacerlo conocer y amar.

Gracias por todo, queridas hermanas teresianas.

¡FELICES 145 AÑOS!